7ª Edición  |  Curso 2010-2011    
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Nueve meses
Mayte Ascaso, 17 años
Colegio Senara (Madrid)

    

Hay personas que esperan nueve meses para ir a un concierto de su cantante estrella, para hacer un viaje, para cometer una locura, para leerse un libro o para aprobar un curso. Nueve meses para saber qué equipo ganará la Liga y otros tantos para conocer quién se llevará la Copa de Europa.

Los políticos son capaces de trabajar sin descanso durante nueve meses con tal de arañar un voto. Y las distribuidoras calentarnos la expectativa durante nueve meses antes del estreno de una película.

Hay gente que tarda nueve meses en encontrarse con un conocido, en ordenar el trastero, en cortarse el pelo o dejarse barba.

Todo ese tiempo, menos de un año, para un solo instante. Aunque ese instante suele recordarse: la euforia del concierto, lo novedoso del viaje, lo loco de la locura, la pasión por el libro, la intensidad de un curso, la alegría del añorado, el orden del trastero, las fotos con el pelo recién cortado y las pintas con las barbas.
Hace un tiempo abrí el correo, y encontré este mensaje:

“Queridos amigos:

Os escribimos a los muchos amigos que, con vuestras oraciones y vuestro cariño, nos estáis ayudando a prepararnos para el nacimiento de nuestra hija María en esta tierra y para su nacimiento definitivo a la vida Eterna. Como ya seguramente sabréis, la niña vivirá pocos días fuera del seno materno, incluso unas pocas horas debido a una hernia diafragmática que está impidiendo el desarrollo de sus pulmones.

Desde que lo supimos, la principal prioridad de nuestras vidas ha sido que María sintiera, en su corta existencia, el amor y la alegría, la seguridad de tener unos padres que están convencidos de que la dignidad humana no depende de su grado de perfección o de su duración. Que para nosotros ella es un ser humano único, con un valor infinito: nada llenará el vacío que nos deje su pérdida.

Desde las primeras ecografías pudimos oír su corazón, ver su cabecita, sus manos… En las ecografías de tres dimensiones la hemos visto moverse y hemos descubierto sus rasgos: su boca, su nariz... Tiene la misma carita que su hermano pequeño. ¡Es preciosa!

La familia es el único grupo humano en el que se aprecia a cada uno por ser quién es y no por lo que vale o representa. Hace diez años que nos casamos para formar una familia que Dios ha bendecido con tres hijos varones y, ahora, con esta hija a la que queremos no por lo que vale o por lo que representa, sino porque es… ¡nuestra hija!
Una hija que ha vivido con su familia la Primera Comunión de su hermano mayor, las bodas de plata de la jura de bandera de su padre, la fiesta de fin de curso de sus hermanos, la victoria de España en el Mundial de fútbol… Esa noche María estaba dormida mientras en casa, como en cualquier familia española, “sufríamos” con el partido. En el minuto ciento dieciséis se despertó y comenzó a dar patadas en el interior del vientre de su mamá. Sus hermanos estaban convencidos de que vendría el gol de España... ¡Y así fue! Esa noche sintió la alegría de su familia, de su barrio, de toda su patria.

Mañana miércoles los médicos inducirán el parto: María nacerá y lo hará querida y acompañada. Y cuando muera lo hará querida y acompañada también, porque sus padres no quisimos ceder a la presión de los que han sido incapaces de ver en ella a un ser humano. Junto al profundo dolor de saber que no la tendremos más con nosotros en esta vida, tenemos la serenidad de haber intentado comportarnos como unos buenos padres.

Mañana más que nunca necesitaremos vuestras oraciones. ¡Qué Dios os bendiga!

S.M. y P.N.”
Nueve meses para sólo unos minutos…
No digo más.

 
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