7ª Edición  |  Curso 2010-2011    
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Esperanza tras la tragedia
Juncal Urraca, 16 años
Colegio Vizcaya (Bilbao)

    

Oier era un chico de diecisiete años, divertido, energético y deportista. Se llevaba bien con todo el mundo, ya que resultaba casi imposible enfadarse con él.

Un día que estaba en clase de Biología, entró su tutor en el aula. Parecía agitado y nervioso. Habló un momento con el profesor y pidió a Oier que saliera de clase. Le condujo rápidamente al hall, en donde le esperaba su padre. Oier no entendía nada y se quedó de piedra cuando se dirigieron al hospital. Una vez allí, un médico les comunicó que la paciente estaba en coma.

Oier tenía tantas preguntas en la cabeza..., pero nadie le contestaba. ¿Qué estaba pasando?... ¿Quién era la paciente?... Cuándo por fin les dejaron entrar en la UCI, al joven se le cayo el mundo encima. ¡Era su madre! Había tenido un accidente de coche muy grave y su vida dependía de una maquina que respiraba por ella. Tras varias semanas de duros intentos por que saliese adelante, el medico les comunicó que no había esperanzas.

Tras la muerte de su madre, Oier cayó en una terrible depresión. Tampoco su padre levantaba cabeza. El chico dejóo de asistir a clase, de salir con sus amigos. Apenas comía y casi no dormía. Sus amigos no tiraron la toalla e intentaron por todos los medios posibles sacarle del agujero, pero todo fue en vano porque Oier no se dejaba ayudar.

Pocos meses después, aun abatido por lo ocurrido, se dirigió al lugar de los hechos. Allí creyó ver a una mujer de espaldas. Cuando esta se giró, le dedico una cálida sonrisa y Oier se dio cuenta que aquella misteriosa mujer era su madre. Perplejo, se dispuso acercarse a ella, pero como si de humo se tratase, desapareció.

Desde entonces comprendió que no tenia motivos para seguir en ese estado de tristeza porque su madre estaría con él siempre que la necesitase.

 
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