8ª Edición  |  Curso 2011-2012    
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Adolescentes explotados
Tatiana Martínez de las Rivas, 16 años
Colegio Ayalde (Bilbao)

    

Un alumno de Bachillerato llega al colegio y recibe clases. Sale al patio y repasa para el próximo examen. En el estudio, como no podría ser de otro modo, estudia. Se marcha a su casa y hace los deberes y continúa estudiando. Así transcurre gran parte del curso, entre deberes y estudiar, hasta que llegan, por ejemplo, las vacaciones de Semana Santa, dos escasas semanas de descanso para que el estudiante no muera de tanto madrugar, estudiar y hacer deberes. Pero, cuál es mi sorpresa al llegar los últimos tres días de vacaciones: al abrir la agenda me doy cuenta de que tengo que hacer más deberes de Matemáticas, unas redacciones de euskera, una argumentación de Lengua, leer un libro en inglés, otro de euskera y muchas más cosas que, seguramente, me habré olvidado de apuntar. Entonces paso de la estupefacción inicial al enfado, y luego a la histeria descontrolada porque tres días no dan para mucho.

Podría encerrarme en mi cuarto hasta que acabe todo y entregarlo puntualmente, es cierto, pero ese no es el auténtico espíritu de las vacaciones. Las vacaciones están para levantarse tarde y salir todos los días (por eso se llaman vacaciones y no tiempo-de-no-colegio-pero-sí-estudio), no para hacer deberes sino, lo que suena mejor, para estar con la familia.

Imaginemos por un momento a un estudiante cualquiera, que se levanta a las doce del mediodía, sale a las cinco, vuelve a las once de la noche y a las doce se va a la cama. Le quedan solamente seis horas de tiempo libre en el que, además, tiene que comer, ver la tele y demás, por lo que el tiempo disponible para estudiar se va reduciendo cada vez más, sobre todo si hace buen tiempo.

Aún si nos quedara tiempo para estudiar durante las vacaciones, ¿de verdad sería justo emplear en ello el poco tiempo libre? Es cierto que somos estudiantes y, como la palabra indica, estudiamos, pero mi corazón me dice que necesitamos vacaciones.

Como indica el dicho, “hay una cosa para cada sitio y un sitio para cada cosa”. Lo mismo pasa con el tiempo. No sería lógico vaguear la semana de exámenes como no lo es pasar las vacaciones estudiando.

 
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