9ª Edición  |  Curso 2012-2013    
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Alegato de un joven
Anttón Ugartteburu, 15 años
Colegio Ángel de la Guarda (Alicante)

Para los adultos -sobre todo los ancianos- nuestra generación es la peor de todas, pues creen que no podemos valernos por nosotros mismos. Sin embargo, me pregunto quién les ayuda cuando están tristes o cuando las cosas van mal; quién intenta apaciguar a unos padres durante una discusión; quien trata de hacer feliz al abuelo, poniendo unos oídos pacientes ante sus historietas, atendiendo sus recuerdos allí donde le alcanza la memoria…

Nosotros, los adolescentes, no tenemos la misma suerte que nuestros padres y abuelos, pues no hay aventuras en los tiempos que corren. Las ideas brillantes sobre lo que podríamos hacer se escapan de nuestros cálculos, de nuestra imaginación y no las logramos difundir. Sin embargo, necesitamos empuje para encontrar lo que nos queda por descubrir, por arreglar, por solucionar, pero los adultos apenas nos hacen caso.

A veces nos acusan de desatender a la familia, de que nunca colaboramos en las tareas de la casa ni participamos en las tertulias a la hora del postre. Pero, para qué querrán saber nuestra opinión si luego no la atienden o nos acusan de no estar en lo cierto. Por estos motivos nos pasamos el tiempo frente al teléfono móvil, pues sólo nuestros amigos nos entienden, nos saben escuchar y nos animan a que sigamos luchando.

Hablan mucho del alcohol y los jóvenes. ¿Por qué beben los menores? Tal vez sea el único modo que encontramos para olvidar todo lo que pasa a nuestro alrededor, cómo nos ignoran, lo mal que está la familia.

Como los adultos y los ancianos también fueron jóvenes, en estos momentos de incertidumbre necesitamos su ayuda. De alguna manera nosotros seremos la solución a sus problemas futuros. Somos el inicio de una nueva generación.

 
 
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