9ª Edición  |  Curso 2012-2013    
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La buena juventud
Elena García Fernández, 17 años
Colegio Senara (Madrid)
Viajaba hace un par de días en el metro, plácidamente leyendo, cuando un grupo de chavales, de no más de doce o trece años me sacó de mi lectura a causa de los gritos que iban dando. Comencé a observarlos, a analizar su comportamiento infantil, no solo a causa de que sus gritos eran los únicos en todo el vagón, sino a que se empujaban, se colgaban de las barras y a que su conversación versaba acerca del último capítulo de una serie de televisión un poco soez. De repente me vino una pregunta, ¿fui yo tan maleducadamente infantil con aquella edad? Creo que no, ni mucho menos. Por otro lado, la tontería de hoy no es como la de antes, y eso que solo tengo diecisiete años.

Cuando tuve esa edad, recuerdo que en el patio, lo mejor que podía pasarte, era que a una niña “mayor” se le escapase la pelota y viniese a pedírtela. No se entablaba una conversación, pero por un momento sentías la emoción de que alguien a quien considerabas que estaba por encima, se fijara en ti. Ahora los pequeños tienen menos respeto por los mayores. Y no es solo que les traten con cierto desprecio, si no que se creen con el derecho a ignorarlos. Por eso me asusta pensar que estas nuevas generaciones serán las que un día nos cuidarán a nosotros.

Ya lo decía Sócrates: <<Los jóvenes son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y faltan al respeto de sus maestros>>. Es decir, esto que parece tan actual ya sucedía en el siglo V a.C. Además, solemos generalizar las cosas malas porque se ven con mayor facilidad. Sin embargo hay jóvenes, que pasan más o menos desapercibidos, que creen a pies juntillas que han nacido para mejorar el mundo.

Quienes tenemos el deseo de hacer el bien, deberíamos preocuparnos por aquellos jóvenes que podrían aportar muchísimas cosas a la sociedad. Incluso, hay que pensar que aquellos a quienes creemos “casos perdidos”, son retos de cambio mucho más emocionantes. Aprovechemos estos años de juventud para servir a los demás, porque con la edad la gente se vuelve tozuda. De acuerdo con Aristóteles, <<adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos, no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta>>. Por tanto, animo a todos a practicar la “buena juventud”, convencida de que no se trata solo de un periodo de la vida, sino un estado del alma.
 
 
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