9ª Edición  |  Curso 2012-2013    
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Solo si sueñas
Raquel Casañ, 15 años
Colegio Vilavella (Valencia)

En un jardín bañado por la luz de la tarde, un chico sesteaba sobre la hierba. De su mirada soñadora, clavada en el cielo, podría decirse que era una puerta abierta a sus pensamientos. Su pelo desordenado y la sonrisa inocente mostraban que seguía siendo un niño.

Al cerrar los ojos se descubrió en mitad de una amplia estancia de paredes blancas que se prolongaban más allá de donde su vista podía alcanzar. Por el suelo, sobre los estantes, encima de las mesas y apiladas, estaban todas las ilusiones que había tenido a lo largo de su vida. Eran tantas...

Se preguntó dónde se encontraba, pero no con miedo ni preocupación, sino con curiosidad. Por eso se asomó por un ventanal y vio la tierra rodeada por un manto de estrellas.

Sin esperarlo, escuchó una voz en su interior que le decía:

<<¿Nunca te has preguntado qué es lo que mueve la Tierra, que nunca deja de girar, ni se permite un respiro? ¿O cómo el aire se renueva meciendo las hojas? El mundo y todo lo que hay en él funciona gracias a los sueños. No tienen porque ser grandes ni complicados, solo una ilusión por el mañana y, claro, por el instante que está a punto de comenzar. Pero ya casi no somos capaces de soñar. ¡Nos estamos olvidando!...>>

Si algún día pierdes tu inocencia y dejas de imaginar, estarás ayudando a que el mundo se destruya. Sin ilusión, el sol no querrá salir porque no habrá nadie esperando al amanecer, nadie deseoso de ver el atardecer. Dejará de sonar la música porque no habrá quien se impaciente por evadirse de los problemas con un sonido mágico.

<<Sin embargo, eres de las pocas personas que son capaces de ilusionarse por la vida. ¡No dejes que el mundo muera!>>.

Volvió a abrir los ojos. Quizás había sido un sueño, quizás no. A él no le importaba. Se levantó y se dirigió a su casa. No pudo evitar esbozar una sonrisa. En su cabeza comenzó a resucitar los sueños que le inundaban tiempo atrás y se convenció de que algún día se los regalaría a quien pudiera necesitarlos.

Y mientras pensaba, vio a un niño. Entonces creyó que había llegado el momento de empezar a cambiar el mundo. Se acercó a él y, sin pensárselo dos veces, le dijo:

-Llegarás lejos.

-¿Por qué me dices eso? –contestó poco convencido.

-¿Y por qué no?

Al ver que el niño encogía los hombros, añadió:

-Pero solo si sueñas.

 
 
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