10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Las instrucciones de la felicidad
Adriana Maldonado, 15 años
Colegio Guadalimar

¿Por qué no logramos hacer de la felicidad algo estable que no dependa de un estado de ánimo?

Frecuentemente tenemos a nuestro alrededor un sinfín de oportunidades que podrían hacernos sentir bien, de tal modo que he llegado a pensar que cuando no logramos ser felices puede ser que nos ronde la cobardía. A fin de cuentas, ser feliz es un acto de valor, pues supone una conquista diaria, la de hacer –entre otras cosas- con alegría nuestro trabajo, valorar a nuestros amigos y apreciar las cualidades en la gente que nos rodea.

Es decir, que la felicidad empieza con una elección: la de ser feliz.

La felicidad consiste en ajustarse a lo que hay y no a mis propios deseos. Por ejemplo, aceptar a mi familia, a mis amigos, mis decisiones y defectos. Consiste también en cuidarnos a nosotros mismos con el convencimiento de que merecemos también el deporte y el descanso. Consiste en vigorizar nuestro espíritu, en aprender cosas útiles y tratar de ponerlas en práctica. Y en ser agradable, en tener el mejor aspecto posible y en ser generosos, pues los demás lo merecen todo.

Para ser feliz hay que vivir el momento, sin tratar de abordar a la vez todos los problemas de la vida. Tener un plan que seguir y borrar con una goma enorme la prisa y la indecisión.

La felicidad necesita, al menos, media hora durante la jornada para la soledad y el ocio, para perderse en un buen libro. Y, sobre todo, necesita amar y creer que aquellos a los que amo, me aman a su vez.

La felicidad está en sonreírle a la vida. Y en creer que Dios nos da un papel fundamental en el mundo.

Para ser feliz debemos poner en marcha cualquier proyecto creativo para llevarlo hasta el final. Y quererte “a ti mismo con tu mecanismo”.

En conclusión, la felicidad depende de ti.


 
 
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