10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Autodepresión
Alejandro García Navarro, 15 años
Colegio Mulhacén (Granada)

<<Sin pensárselo un momento, se metió la pistola en la boca y apretó el gatillo>>.

La frase que acaban de leer no pertenece a un apasionante relato, lo siento, sino que es una excusa (al igual que el título de este artículo) para escribir acerca de lo propensos que somos a la amargura y de lo mucho que nos gustan las tragedias.

Buena parte de la culpa la tienen los medios de comunicación, que parecen disfrutar al sacar a la palestra todo tipo de asesinatos, masacres, desastres y gente mala -pero que muy mala- que anda suelta por ahí. Y si lo pueden acompañar con imágenes truculentas, pues mejor que mejor.

No me digan que no resultan deprimentes los telediarios… ¡Si muchos días parecen malas películas gore! Muchos creen que lo último positivo que han visto en la televisión fue el anuncio de Navidad de Cocacola, lo que ya es un decir.

Ahora, agradezcamos el valor de los reporteros que se juegan la vida para mostrarnos las injusticias que se cometen a diario por el mundo, aunque no estaría de más que sus jefes les enviaran a rodar asuntos más edificantes: la historia de esas personas que no se rinden a pesar de las dificultades, la de una adolescente que decide seguir adelante con su embarazo, la de un chaval que pasa del fracaso escolar al gusto por aprender o, yendo un poco más lejos, todos esos mártires que, al otro lado del Mediterráneo, sufren persecuciones, tiroteos y atentados terroristas a causa de su fe.

Tal vez nosotros también seamos responsables de las malas noticias que ofrecen los medios de comunicación. Si usted y yo –sin ir más lejos- empezásemos a contar las cosas buenas que nos suceden cada día, romperíamos la balanza a favor del optimismo, aunque al otro lado siguieran los malos ratos.

No nos damos cuenta de que cada mañana es única ni de que los lunes no son tan malos como los pintan. Tampoco de que, conformes yo escribo estas líneas y usted las lee, han nacido varios niños y otros tantos están aprendiendo a hablar y a leer. Sí, en un solo día son miles las parejas de novios que se casan y otros muchos se convierten en abuelos. Unos van a la escuela y otros a la universidad. En este día algunos salvan vidas en un hospital y otros protegen con orgullo su bandera. Hoy, mientras unos celebran el triunfo de su equipo, otros regresan con su familia después de un día de trabajo. Unos hacen nuevos amigos y otros se reúnen para recordar los buenos recuerdos de la infancia.

Aunque no nos demos cuenta, vivir conlleva estas cosas tan bonitas aunque las tildemos de rutina, pintándola con lo malo que nos sucede.

 
 
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