10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Invadidos por la pantallas
Francisco Javier Merino, 16 años
Colegio Mulhacén (Granada)

La última comida que tuve con mi familia fue algo incómoda. Estábamos todos juntos –tíos y primos-, pero tan lejos como si cada uno de nosotros se encontrara en su casa. ¿Cómo fue posible?... La culpa la tuvo un aparato moderno: el móvil. En la mesa mis primos, por ejemplo, no dejaban de mirar hacia abajo y sólo hablaban entre ellos para comentar alguna de las múltiples conversaciones que mantenían por Whatsapp.

Pero esta situación no es nueva. Desde que se inventó el Smartphone -un teléfono con el que se puede hacer cualquier cosa más allá de las llamadas- la sociedad ha cambiado. Ahora todos dedicamos buena parte de nuestro tiempo a chatear, jugar y caer en todo lo que nos ofrece el aparatito, lo que no estaría mal de no ser porque nos lleva a olvidarnos de las personas que tenemos más cerca y de nuestras aficiones.

Pero no son estos los únicos problemas, pues los móviles pueden llegar a enloquecernos si nos llevan a cometer acciones con las que perdemos nuestra dignidad: conversaciones con desconocidos, chats con gente que se encuentra a dos metros de nosotros, fotos con posturas ridículas… Son muchas las tonterías que se hacen cuando se tiene un IPhone, una BlackBerry o cualquier teléfono táctil.

No obstante, no todo es negativo. Los móviles son aparatos llenos de aplicaciones útiles. Estos aparatos incluyen aplicaciones de uso diario, juegos interesantes y el mismo WhatsApp, que no tiene por qué ser malo.

Insisto, estas máquinas nos ofrecen servicios de los que antes no podíamos disfrutar. Sin embargo, para usarlas es necesario saber dónde está el límite y recordar que hay momentos en los que hay que dejarlas a un lado para entablar relaciones y disfrutar al aire libre.


 
 
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