10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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El refugio
Alberto Colino, 15 años
Colegio El Prado (Madrid)

Como todos los días, Isa se levantó temprano para ir al colegio. Por las tardes solía jugar con sus amigas al lado del Júcar y los fines de semana daba paseos por el campo y pasaban ratos con sus muñecas.

Un día, al volver a su casa, sus padres y hermanos mayores estaban escuchando la radio con preocupación. Antes de que la echasen de la sala, llegó a escuchar que un tal general Franco había levantado en armas al ejército. No tenía idea de lo que significaba aquello, por lo que esa tarde se lo pregunto a su profesora, que le respondió con cara asustada que era un asunto de mayores.
Todo empezó a cambiar: su hermano mayor partió al frente. Además, su amiga Clara se fue de Cuenca porque, según le conto, las ideas de su familia no eran bien vistas por los vecinos.

Isa acudía a rezar a una ermita de la Virgen con su abuela, para que les devolviese a su hermano sanos y salvo y para que se acabase la guerra.

Por la escasez de alimentos y medicinas, su madre empeoro enfermó, lo que la obligaba a estar en cama casi todo el día. Isa tuvo que que cuidar a Rami, su hermanito de cinco años. Además, le tocaba ir a la compra y hacer la colada.

Una mañana, cuando estaba en la escuela, sonaron las alarmas. Se acercaban los bombarderos. Las niñas empezaron a gritar y a llorar mientras los chicos se miraban con caras de espanto.

-Quiero que forméis una fila y que me sigáis hasta el refugio –les dijo la profesora-. Y no os separéis.

Isa se acordó de que su madre y de su hermano, que estaban en casa y no podían llegar al refugio sin ayuda. Se salió de la fila y echó a correr hacia su casa. Al llegar cogió a su hermano y subió a la habitación de su madre

-Mama, han sonado las alarmas, hay que irse.

-Pero Isa, si casi no me puedo mover de la cama

-No digas tonterías, venga que te ayudo a levantarte.

Cuando quiso incorporarla, su madre empezó a sollozar de dolor. Intento levantarla, pero le fue imposible, pues sólo tenía ocho años. Sintió como las lágrimas le corrían por las mejillas al sentirse imponente.

-Venga coge a tu hermano y vete. Yo os seguiré.

-Mamá, ¿crees que podrías llegar al sótano? Allí estaremos seguros.

-Lo intentaré.

Haciendo acopio de sus pocas fuerzas, María intentó levantarse.

-Tengo que hacerlo, por mis hijos.

Le costó mucho, pero al final lo consiguió. Nada más cerrar la puerta, se empezaron a oír las bombas. Cayeron durante toda la noche.

Por la mañana, cuando pararon de oír las explosiones Isa salió a ver si los aviones se habían marchado. Horrorizada, contempló todo arrasado, incluso el refugio del pueblo con todos sus amigos.

 
 
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