10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Me salva la palabra
Francisco Javier Garrido, 17 años
Colegio El Prado (Madrid)

Me inicié en la escritura cuando descubrí que lo mío no era la oratoria. Aprendí que plasmando garabatos en el papel, me podía expresar mejor, me sentía más libre.

El escrito no se queda en el papel, trasciende más allá, pues vaga en busca de sentido aguardando ser impulsado por un par de ojos que capten su mensaje. Escribir es una liberación. Posee un significado mucho mayor que el de aferrar un bolígrafo, un lápiz y dibujar trazos sutilmente, llenos de belleza y estilo. Es mucho más que presionar unas cuantas teclas. Describimos lo físico a menudo por medio de letras intangibles, pero susceptibles de ser comprendidas. No leemos y escribimos porque necesitemos datos e información. Nosotros leemos y escribimos porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de emoción. Cuando mi pluma escribe, me conecto con mi alma.

La belleza que nos embarga al leer unos versos y la perfección de las palabras encadenadas nos mantienen vivos. Tenemos innato un conocimiento del arte. Con las letras puedo describir el estado en el que vivo, la sociedad con la que convivo, el ambiente en el que ando metido. Con la literatura vuelas sin alas, sueñas sin dormirte y después te despiertas, y desconectas retornando al mundo terrenal, con una ligera desilusión al caer en la cuenta de que el mundo real no se parece a tu ensoñación.

Las ideas dan forma al mundo, pero necesitan asirse a algo para no desaparecer con el tren del olvido. Por eso, lleva siempre una libreta contigo para recoger tus pertenencias mentales. No esperes que la inspiración llame a tu puerta, tienes que salir a buscarla. La inspiración es hermana del trabajo cotidiano, del esfuerzo diario.

La poesía tiene la capacidad de crear belleza y admiración por sí sola. Con ella estás presente, pero ausente al mismo tiempo. No hay nada imposible para la escritura, solo mentes incapaces. Piensas, imaginas, recreas y, por último, conviertes tus múltiples deseos en realidad cuando agachas la cabeza y contemplas tus versos. Es fascinante poseer un folio en blanco. Vacío. Y dibujar en él. Líneas improvisadas. Ideas plasmadas. Aspiraciones a lápiz. Un paisaje. Una niña. Unas flores... Escrito está en mi alma: a mí me salva la palabra.

 
 
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