10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Una oportunidad
Inmaculada Machado, 16 años
Colegio Zalima (Córdoba)

Ocurrió un día como otro cualquiera… Me levanté, recogí los cartones y mantas para colocarlos en la posición con la que normalmente pedía limosna. Siempre veía a la gente pasar de un lado a otro con mucha prisa y sin detenerse a mirar atrás. Pero me ocurrió algo diferente: un hombre vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata se paró delante de mí y me ofreció la posibilidad de cambiar de vida. Dicho así, parece irreal.

Se trataba de un empleo en su bufete de abogados; sería empleado de mantenimiento y limpieza. Acepté sin pensármelo dos veces y me llevó hasta allí. Al llegar observé un lujo que me dejó impresionado. Él me situó en aquel lugar y pude comenzar las tareas para las que había sido contratado.

Varios meses después ya me había acostumbrado a mi nueva situación. Gracias a mi sueldo fui realizando cursos hasta lograr finalizar unos estudios. Después conseguí un ascenso en la empresa. A partir de entonces todo fue mejorando: trabajaba horas extras y así pude comprarme un piso y, más adelante, un coche. También hice amigos. Me di cuenta que si me proponía algo, lo conseguiría.

Pasaron unos años cuando ocupé un puesto importante. Tenía una oficina y mi propia secretaria, quien todas las mañana me traía un café justo como a mí me gusta. Las cosas iban viento en popa. Poco a poco fui consolidando mi puesto y con el tiempo fundé un nuevo bufete.

Me casé con Ana, y tuve dos hijos. El primero se llamó Alex, como yo, y el segundo David. A la vez que llevaba adelante mi trabajo ejercía el papel de padre. Atendía la educación de mis hijos, ya que no quería que les pasase como a mí. Les conté mi historia. Ellos me dijeron que cuando crecieran serían como aquel hombre que me ayudó y me dio trabajo.

Ahora soy anciano y ellos se han convertido en los dueños de mi empresa. Hace unos días nos vinieron a ver –a mí y a mi esposa-. David nos explicó lo que le ocurrió hace unas semanas: yendo por la calle con su hijo, mi nieto, se encontraron con un hombre de unos veinticinco años que estaba mendigando. Se detuvieron frente a él y David le dijo a su hijo:

- No hay nada mejor que dar una oportunidad para trabajar.

 
 
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