10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Marta y Gonzalo
Isabel García López, 15 años
Colegio Montealto (Madrid)

Marta estaba lista: una chica con vestido azul celeste le devolvía la sonrisa desde el espejo. Esa noche iba a ser especial, pues se celebraba la fiesta del último día de colegio para los alumnos de Bachillerato. Estaría él, Gonzalo. Ni se acordaba de cuándo se enamoró de él. Se conocían desde los catorce años, pero no siempre le había gustado. Decían que un chico y una chica no podían ser buenos amigos sin que uno de los dos estuviese enamorado del otro, y se lo creyó a pies juntillas hasta que un día se dio cuenta de que era cierto.

Al entrar en el salón el corazón de Marta latía a mil por hora. Gonzalo, en la entrada del local, se encargaba de comprobar las listas de invitados, así que tendría que esperar para hablar con él.

-Nombre –le dijo con una sonrisa.

-No te hagas el tonto, que lo sabes perfectamente.

-Adelante, señorita.

Marta en seguida encontró a sus amigas y bailó con ellas, comieron, se hicieron fotos… Después se acercó a la mesa de las bebidas, en donde volvió a encontrárselo.

-Estás muy guapa con ese vestido

-Gracias. A mí me gusta tu corbata

Se acercaron otros amigos y charlaron en grupo. Marta pensó en lo estúpido que había sonado su comentario acerca de la corbata, y es que estando cerca de él sólo era capaz de decir incoherencias. De repente sonó su canción en los altavoces, esa que a ambos les encantaba. Se miraron, pero no se atrevieron a bailar.

-Luego dirás que soy tímida, pero tú no has bailado ni una sola vez.

Marta pensó que acababa de soltar otro comentario estúpido.

-Es que estoy muy ocupado –le dijo con su sempiterna sonrisa.

-Entonces te perdono..., pero sólo si bailas un poco más tarde.

La noche siguió avanzando y al fin pusieron una de esas canciones que tienen un baile guiado. Es decir, unos y otros debían copiar los movimientos de los bailarines principales. María se encargó de hacer las parejas. Emparejó a Marta y Gonzalo lanzándole una mirada cómplice a su amiga.

Comenzaron a moverse con cierto compás, pero Gonzalo no tardó en empezar a hacer el tonto y tuvieron que dejar de bailar a causa de la risa.

Después de tomarse un refresco volvieron a la pista de baile, pues habían comenzado a poner canciones románticas. Gonzalo la tomó de las manos y le hizo girar sobre sí misma. Marta que estaba radiante de felicidad. Cuando se acabó la música, siguieron agarrados. Para ellos el mundo había dejado de existir.

-Hace mucho calor -. Marta se apartó el pelo de la cara.

Él se ofreció a acompañarla a la calle.

Caminaron por la ciudad, bromeando y hablando de mil cosas distintas. Era la mejor noche de su vida.

 
 
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