10ª Edición  |  Curso 2013-2014
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Quién se esconde detrás del delantal
Marta Pujol, 15 años
Colegio La Vall (Barcelona)

Soy Victoria Tate y esta es mi historia. Para mí es importante compartirla contigo, pues aquí están los hechos que han marcado mi existencia, probablemente invisible para la mayor parte del mundo.

Soy una mujer feliz, lo que no significa que mi vida sea coser y cantar. Sin embargo he aprendido a encontrar la cara positiva de las adversidades.

En realidad mi vida es sencilla, con una rutina que podría llevarte a pensar, <<¡qué aburrimiento!>>. Tal vez no sepas que cada jornada sigue un guión distinto. Es como si la vida fuera una película de la que somos el director. Hallarás escenas sin aparente sentido, planos de frustración, pero siempre encontrarás un buen final.

Fui una humilde niñera, hija de una criada. De hecho, desciendo de una familia perteneciente a la servidumbre. Mi adolescencia no fue fácil: mis padres murieron jóvenes y no tuve tiempo para las amistades. Así que mis amigas fueron pocas pero valiosas. Tampoco pude estudiar porque en la casa requerían mis servicios en todo momento. Así transcurrieron muchos años: cuidando niños, limpiando salones, haciendo coladas…, sin tiempo para mí.

A veces mis jefes me trataban mal. Les gustaba humillarme. Tuve que aguantar quejas y burlas y acatar un torrente de órdenes sin poder rechistar. Recibía insultos contra los que no podía defenderme. En mi interior ardía una ira que amenazaba con escaparse, pero que nunca se lo permití, por miedo a perder mi empleo.

Tenía veintitantos años cuando decidí marcharme, después de que la señora de la casa me recriminara que yo no valía para nada. Por fin saqué lo que tanto tiempo llevaba guardando en mi interior:

-La que no vale es usted, que me necesita en todo momento y no puede hacer nada por sí sola.

Me quedé en la calle, sin estudios y sin dinero.

Podría haberme desesperado, echado a llorar o hacer alguna tontería, pero conservé la calma. En los malos momentos siempre hay que actuar con frialdad, buscando una solución.
Yo la encontré. Acudí a una anciana que conocía y que era visita habitual en la casa. Siempre me había demostrado aprecio. Me acogió en su acogedor hogar.

Como no quería causarle molestias, empecé a buscar trabajo. Me presenté a un anuncio en el que precisaban los servicios de una niñera. Unas semanas más tarde me instalé en la casa de los Miller, que fueron muy buenos conmigo. Me quedé muchos años con aquella familia, hasta que sus hijos crecieron y no me necesitaron más.

Yo no era vieja, pero sí mayor para casarme, lo que me entristecía. Pasé de un empleo a otro, pero ninguno de ellos duró demasiado. Al mal tiempo le puse siempre buena cara.

Nunca he destacado ni he sido alguien importante. Siempre me he movido en un segundo o tercer plano. Pero hay gente que me quiere y me valora. Son capaces de apreciar a la mujer que se esconde bajo este delantal.

 
 
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