11ª Edición  |  Curso 2014-2015
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Preguntas y respuestas
Andrés Arteaga, 17 años
Colegio Tabladilla (Sevilla)

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué será de mí en un futuro?..., nos preguntamos cuando activamos nuestro “modo filósofo” y comenzamos a darle vueltas a los asuntos más importantes de la vida.

Sin embargo, a veces no encontramos respuesta inmediata y dejamos nuestros planteamientos en un rincón para, finalmente, olvidarlos. Entonces parece que nos conformamos con vivir a ciegas, sin investigar las causas y consecuencias de nuestras acciones, sin pretender ver más allá del hoy y el ahora.

¿Qué hubiera ocurrido si Colón no se hubiese preguntado qué encontraría más allá del horizonte del Atlántico? ¿Y si Edison hubiera perdido la curiosidad en alguno de los más de mil intentos que hizo antes de fabricar la bombilla? Tal vez América no hubiese sido la gran aventura española; tal vez seguiríamos usando lámparas de aceite.

No debería bastarnos la superficie de las cosas. Hay que ahondar en ellas para conocer qué hay detrás de todo lo que se ve, toca y escucha. Querer saber es parte intrínseca de nuestro ser. Los animales no se interrogan, viven tan sólo al albur de sus instintos. Tampoco las plantas lo hacen: se desarrollan según su ley natural.

Cuestionar la realidad es una característica fundamental de la condición humana, una inquietud que a veces nos reconcome por dentro: de pequeños nos sentíamos atraídos por lo desconocido (como un bebé frente a un paisaje nuevo). También de adultos seguimos maravillándonos ante cada novedad (por ejemplo, el bosón de Higgs).

Sería un grave problema que nos avergonzara preguntar lo que no sabemos, por el temor a quedar ante los demás como unos ignorantes.

Una ocasión en la que estaba reunido con mis amigos, uno de ellos me comentó lo mucho que le había gustado una película recién estrenada. Me preguntó si no me importaba que me hiciera “spoiler” y yo, sin saber muy bien lo que significaba aquello, accedí sin preguntar a qué se refería. Esa misma tarde fui a ver la película y no la disfruté demasiado, ya que conocía de antemano su final.

Hay que ser valiente y hacer caso al proverbio chino que dice: “el que pregunta parece tonto una vez; el que no, lo será siempre”. Nadie nace sabiendo y cada cuestión resuelta es un paso más en el camino del conocimiento.

Cuando algo nos interesa, buscamos conocer todas sus caras posibles: un grupo musical, un nuevo libro, una estrella de Hollywood, un coche… Nos atenaza una sed imperativa que necesitamos saciar. Yo animaría a hacer de exploradores, a jugar como quien hace un puzle, en el que encajamos una pieza y otra hasta que todo cobra sentido en su conjunto.

Es fundamental saber qué preguntar. Una buena consulta es aquella que, en breves palabras, sabe transmitir la duda que nos reconcome. Si conseguimos marcar el rumbo que indique la mejor manera de responder, habremos dado con la pregunta correcta.


 
 
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