11ª Edición  |  Curso 2014-2015
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Begoña
Ana Badía, 15 años
Colegio Grazalema (El Puerto de Santamaría)

Mi tía Begoña siempre había soñado con ser médico. Su afán por este campo científico lo desarrolló en su infancia, cuando iba por su casa diagnosticando enfermedades que ni ella misma conocía. Era muy divertido oír esa vocecilla tan aguda que utilizaba términos de adulto.

Al principio eran sueños de niño, pero pronto se dio cuenta de que se trataba de su vocación. Sé que mis abuelos la animaron a cumplirla; le dijeron que si se esforzaba, llegaría hasta donde quisiera.

Al terminar los estudios de bachillerato, ingresó en la facultad de Medicina. Toda la familia se sentía llena de orgullo.

La desgracia llegó en el segundo año de carrera.

Begoña se dirigía, como cada mañana, en moto a la universidad. Ese día había amanecido nublado y, aunque no llovía, flotaba la humedad en el ambiente y el suelo estaba mojado. Además, el tráfico era intenso.

La rueda pisó la línea que marcaba el límite de la carretera, que estaba muy resbaladiza. Cayó al suelo a gran velocidad y se golpeó la cabeza.

Los médicos informaron a la familia del estado de la paciente: se encontraba en estado crítico a causa de un derrame cerebral en la zona que afecta a la memoria.

Cuando Begoña despertó, no recordaba nada. Su pasado, sus padres y hermanos, sus amigos… eran para ella auténticos desconocidos.

Fue necesario empezar desde cero, como si de un bebé se tratase.

Aprendió a hablar. Para nuestra sorpresa, una de sus primeras frases fue que deseaba ser médico, como si volviera a ser una niña. También le enseñaron a caminar, a leer y a escribir, a jugar y a compartir... Nunca la dejamos sola en su segundo aprendizaje.

Tras años de recuperación, de mucho sacrificio y muchas lágrimas, por segunda vez en su vida, con las mismas ganas, regresó a la universidad. A Begoña, que siempre soñó con ser médico, ni uno ni mil accidentes la separarían de su objetivo.

Seis años más tarde, recibió su título. En aquel certificado sólo ponía que había cursado la carrera, pero sabíamos de la heroicidad de su esfuerzo.

Begoña es feliz tras haber cumplido su objetivo. Trabaja en un hospital en donde cuida a accidentados y enfermos que necesitan su ayuda.

 
 
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