11ª Edición  |  Curso 2014-2015
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Razones de una huelga
Laura González Ruiz, 15 años
Escuela Zalima (Córdoba)

¡Se acabó!

Esa fue la tajante decisión que se tomó en la Asamblea de Signos de Puntuación.

El punto y final, Presidente, después de oír la opinión de todos los integrantes, llegó a la conclusión de que la nueva tecnología había infravalorado la labor de todos en los escritos, discursos, conferencias y cualquier otro término de expresión oral y escrita. Al considerar que -por antigüedad- su desconsideración había llegado a la humillación de todos los miembros de la Asamblea, los puntos suspensivos, con su eterno complejo de ser los menos necesarios, disfrutaban con aquella situación.

La coma y el signo de admiración culparon de su deterioro al sistema de mensajes de texto. Los dos puntos y el acento opinaron que la negativa de los sistemas IPhone y Android a tenerlos en consideración, había sido la gota que colmaba el vaso. La decisión, por unanimidad, fue convocar una huelga general en cualquier sistema de comunicación.

Los problemas empezaron de inmediato: las clases que impartían los profesores en todos los niveles educativos se habían hecho incomprensibles; también los discursos, sin pausas para la coordinación de frases, insoportables, así como los libros, que eran un texto corrido donde los párrafos unidos no permitían su correcta interpretación. Los discursos políticos provocaban el sueño en sus oyentes, y en los juicios no se daba la posibilidad de formular preguntas a los implicados; se convirtieron en indescifrables, pues no podía valorarse si se preguntaba o afirmaba durante la intervención del Fiscal. Psiquiatras y psicólogos eran incapaces de diagnosticar los estados anímicos de sus pacientes, pues no había exclamaciones ni interrogaciones. Las administraciones públicas dejaron de funcionar y el mercado de importación no podía comunicarse en el idioma español, ya que nadie lo entendía. Los chistes dejaron de tener gracia sin el acompañamiento de la exclamación y en las películas y el teatro ya no había diálogos fluidos y con sentido.

Todo sistema de comunicación se convirtió en un auténtico caos.

Ante semejante situación, la Asamblea de Signos de Puntuación recibió al fin su merecido reconocimiento: la Real Academia Española de la Lengua le otorgó el más importantes de los premios, reconociendo la necesidad de su existencia y su correcto uso, pues nos permiten avanzar en todos los sentidos de la vida.

 
 
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