XIII Edición  |  Curso 2016-2017
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La profesión de mi padre
Celia Rodríguez Toledo (16 años)
Colegio Zalima (Córdoba)

A cualquier niño le gusta presumir de la profesión de sus padres. Para cada uno de ellos, estos desempeñan el trabajo más difícil y bonito: un médico es un héroe porque salva las vidas de los enfermos; un bombero es el más va-liente por adentrarse en un infierno de llamas; una profesora es la mujer más lista del mundo porque todo lo sabe y un taxista tiene una memoria sin límites. Desde nuestros primeros años de vida, el transcurrir de cada día va en función de las costumbres, hábitos, rutinas y profesiones de nuestros padres, en las que queda reflejado nuestro comportamiento.

Sin embargo, cuando era pequeña lo peor que podía hacerme una nueva amiga era preguntarme por la profesión de mi padre, pues mis labios se sella-ban como si no hubiera respuesta, como si no me sintiera orgullosa de mi pro-genitor o como si aquello que a lo que él se dedicaba tuviese algo de malo. Pero a pesar de mi silencio, tenía muy claro lo que pensaba: no había profe-sión mejor que la del mío; ninguna otra que hubiera escogido podría haberme hecho sentir más orgullosa de él.

A veces era complicado oír cómo le insultaban por hacer su trabajo. No era fá-cil encender el televisor y ver no solo que había gente que le cuestionaba, sino que también atentaban contra él y sus compañeros. Me estremecía al sa-ber de los osados que murieron defendiendo aquello a lo que juraron fideli-dad. No todo el mundo era capaz de comprometerse de esa manera en aque-llos tiempos, una época repleta de fanatismo y terror.

Al crecer me di cuenta de que la mayoría de los que se pronunciaban a los cuatro vientos contra mi padre y los suyos hablaban sin saber. Con el tiempo, llegué a comprender que nadie es quién para juzgar las decisiones de los de-más, porque no hay nada mejor que elegir con el corazón cuando este se po-ne al servicio de la sociedad.

Todo lo que de niña se me escapaba, hoy puedo agarrarlo bien fuerte. La pre-gunta ha cambiado: «¿Qué quiero ser de mayor?». Mi respuesta es clara y concisa: quiero ser como mi padre, Guardia Civil. Seguir las huellas que me dejó hace que mi viaje sea más fácil, pues me enseñó que lo suyo no solo era una profesión, sino una vocación. Espero que el día de mañana mis hijos es-tén tan orgullosos de mí como yo lo estoy de él.

 
 
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