XIII Edición  |  Curso 2016-2017
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Cuando la Navidad se acaba
Paco Moreno, 16 años
Colegio Iale (Valencia)

La Navidad ha finalizado. Son unas fiestas que a nadie dejan indiferente: hay quien afirma que cada vez le gustan menos, que le provocan una enorme tristeza, pues es el periodo del año en el que más echan en falta a los familiares y amigos que no están.

Algunos precisan que no quieren celebraciones religiosas y otros se empeñan en decir que tanta alegría y generosidad repentina son un derroche de hipocresía. Pero no olvidemos que la razón principal de la Navidad es que los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, motivo suficiente para vivir este periodo con ilusión, esperanza y emoción, aunque este acontecimiento quede casi siempre oculto detrás de los gastos en compras de todo tipo, en comidas que el resto del año nos parecen innecesarias y en regalos para todos, a veces desatinados.

Para mí, las Navidades son una de mis festividades favoritas, en gran parte por las vacaciones, ya que llegan después de la primera evaluación, que nos deja —junto con los constipados— las fuerzas mermadas y la capacidad de trabajo bajo mínimos. También es una estupenda excusa para estar con esos familiares y amigos que no vemos todo lo que quisiéramos, e incluso para tener un momento de saludos afectuosos y buenos deseos para la gente con la que el resto del año solo cruzamos un leve «buenas» o un «hasta luego». Además, me encantan las largas sobremesas cantando villancicos, las comidas en casa de mi abuela y el largo viaje para estar junto a los míos.

Cuando los Reyes Magos se marchan detrás del año que acaba de terminarse, me atrapa la pena por tener que quitar los adornos navideños. Eso sí, la ropa me queda algo más estrecha y en la boca llevo el regusto dulce de los turrones y los buenos momentos vividos.

Me he propuesto, a pesar de tanta frivolidad y comercialización, seguir viviendo estas fiestas con toda la intensidad que pueda. Si dejamos que el espíritu de la Navidad, del que tanto se habla, se instale en nuestro corazón y en nuestra casa, seremos, al menos durante unos días, más solidarios, más cariñosos… mejores personas.

Ante lo largo que es el año, ojalá la Navidad durara un poco más, sin ser eterna, claro, porque entonces puede que la magia desapareciera por exceso.

 
 
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