XIV Edición  |  Curso 2017-2018
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Inmortal
Jaime Llop, 15 años
Colegio Munabe (Vizcaya)

Hacía mucho tiempo que nadie me visitaba y estaba aburrido. Por eso me emocioné al oír los pasos de lo que parecían dos personas, que escuché cada vez más cerca. Fui tan ingenuo que no se me pasó por la cabeza preguntarme qué intenciones podían traer consigo. Se detuvieron justo encima de donde yo me encontraba.

—Belmonte, ¿es aquí? —preguntó una voz masculina que no reconocí.

—Sí. Saca la pala. Tenemos que ser rápidos; lo haremos por turnos. Si no has acabado en quince minutos, me toca a mí.

En cuanto oí aquello, supe con certeza para qué habían venido: querían robarme y nada podía hacer yo más que lamentar mi situación. Traté de calmarme para escuchar mejor lo que decían.

—No estoy orgulloso de lo que estamos haciendo, ¿sabes, Manuel?

—Le entiendo, Belmonte, pero necesitamos el dinero para impulsar la nueva empresa. Ahora mismo no hay otra opción. De hecho, hoy he visto en las noticias que el uso de las pastillas Inmortal se ha extendido a por todo el mundo.

—¡Maldito sea el doctor Arendownsky! ¡Él y sus estúpidas pastillas arruinaron mi negocio de pompas fúnebres!

Gracias a esa conversación, supe que no era yo el único que estaba indignado. Además, conseguí recordar quién era el que acababa de intervenir con tal enfado: el apellido «Belmonte» asociado a «pompas fúnebres», cobró sentido en mi mente. Mi padre, y más tarde mi madre, fueron enterrados apenas a unos metros de donde yo yacía. Al ser hijo único, heredé toda su fortuna. Y como no logré formar una familia, pedí en mi testamento que enterraran conmigo la herencia en forma de lingotes de oro, por la sencilla razón de que no sabía qué destino darle.

Pepe Belmonte era el dueño de Pompas Fúnebres Belmonte. Fue el quien me enterró años atrás. Irónicamente, era el que me iba a desenterrar.

Un sentimiento de cólera se apoderó de mí, no por el hecho de que se apropiasen del oro —eso me daba igual, ya que en el mundo de los muertos no sirve para nada—, sino por lo que les había oído decir sobre las pastillas Inmortal: con ellas, en el caso de que hubiera vivido diez años más, habría podido evitar mi muerte.

 
 
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