XIV Edición  |  Curso 2017-2018
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Los libros que hablan
Irene Pola, 16 años
Colegio La Vall (Barcelona)

A mí los libros me hablan. Los libros de verdad, por supuesto; aquellos que mantienen viva una historia única porque consiguen que los personajes de tinta queden escritos en el corazón del lector, o que sea el lector quien relate la historia a un interior mendigante de palabras. Como prefiráis.

Los libros me cuentan, bajito, lo que el viento de la imaginación relató al escritor. Me marean al llevarme por el tiempo y el espacio, sin aplicar las fórmulas de la Física. Les susurran las buenas noches a mis párpados y me hacen caer en la espiral sin fin de leer, leer y leer.
También me hablan de mí misma. Acuso el cansancio cuando ni siquiera en leer encuentro disfrute. Entonces me doy cuenta de la pequeña victoria que me supone avanzar tan solo un capítulo más. Los libros le chivarán a un observador atento que quizás mi mal humor se debe a que no tengo una nueva novela en mi mesilla, o que el libro que estoy leyendo me deja vacía. Porque necesito personajes de los que pueda imaginarme la sonrisa. Paso tantas horas junto a ellos que con sus pensamientos y sentimientos ocurre como con los de un buen amigo: que se me pegan. Durante le lectura dejo de ser Irene y me convierto en Jo, Papá Piernaslargas, Liesel o Kvothe. Y se me abre una ventana por la que entran el tacto de las palabras, el color del silencio, el sabor de la ilusión y… que cada uno inserte lo que más le guste.

Por ende, los libros me hablan de los demás. En un momento de desesperanza, el secreto que permanece escondido entre la tapa donde va el título y la contraportada me deja ver la mejor y la peor parte de las personas: sus ilusiones, miedos, esperanzas y debilidades, que se cuelan en el aroma a tinta nueva. Aquello que no llego a intuir en aquellos que me rodean, me lo gritan los libros —¿acaso podemos esconderle nuestras inquietudes a una buena novela?—. Siempre encuentra respuestas y nos las da, aunque no siempre nos gusten.

Por último, y en especial, cada libro me habla de la persona que me lo ha traído hasta mí. Después de concluir la lectura de una novela que me ha dejado una amiga conozco un poco mejor sus aspiraciones y su manera de entender la realidad. Es decir, la comprendo mejor. Así que para conocer mejor a los demás, es bueno intercambiar libros. Al compás del roce de las páginas descubrimos retazos escondidos de esa persona, características que ni el aludido sabe que tiene.

Ojalá escuchemos la voz de los libros para escribirla por todo el mundo.

 
 
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