XV Edición  |  Curso 2018-2019
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Tu bebé recién nacido o te devolvemos el dinero
Inés Rosique Gutiérrez, 15 años
Colegio Altozano (Alicante)

La música sonaba a través de mis cascos mientras leía el prólogo del libro que me había comprado esa misma tarde. Estaba esperando la llegada del autobús que me llevaría a casa tras una tarde con mis amigas cuando, de repente, levanté la vista del libro y me encontré al otro lado de la calle con otro autobús, vestido con una publicidad que me dejó asombrada; una clínica de fertilidad se anunciaba con la siguiente frase: «Tu bebé recién nacido o te devolvemos el dinero».

Sentí una mezcla de ira, frustración y coraje. Esa publicidad, de manera encubierta, habla de vender niños, a los que tratan como si fuesen teléfonos móviles, como si un bebé, una persona, tuviese valor monetario. No; la vida no se puede comprar.

«Ofrecemos un nuevo concepto, que nace con el objetivo de brindar a las pacientes la tranquilidad y la seguridad de que lo van a conseguir. La respuesta a sus miedos e incertidumbres es nuestro compromiso, y la garantía de que van a cumplir su sueño de tener un bebé», comenta dicha clínica.

Tengo claro que el fin es, en teoría, bueno, que buscan dar la oportunidad a una pareja, a una mujer, de ser madre, de criar a una persona y amarla. Pero no es acertada la manera de transmitirlo, pues da la sensación de que venden hijos, insisto, como se venden lavadoras. Un ser humano no solo no puede tener precio, sino que no debería exponerse como mercancía de un negocio ni quedar a expensas de las manos de unos médicos que parecen jugar a ser dioses.

La clínica en cuestión muestra en su página web un vídeo, en el que un grupo de mujeres aparecen reunidas alrededor de una mesa (cabe destacar que los hombres también son padres, pues una mujer sin un hombre no puede engendrar una nueva vida, salvo que medie un frío laboratorio como del que estoy hablando) y debaten sobre la propuesta de que las fertilicen: «Es una ventaja muy grande», declara una de ellas, «porque el miedo a quedarte sin nada desaparece». Volvemos a lo mismo: equiparan la vida con un deseo subjetivo, un misterio cuasi milagroso con un sentimentalismo razonable, pero que no justifica ese trato comercial.

«En mi caso, lo que llamó mi atención a la hora de iniciar el tratamiento fue que te devuelven el dinero si no lo consiguen», afirma otra de las mujeres. Es decir, que si no hay fecundación queremos el dinero de vuelta, para llenar el vacío.

No puede ser que el ser humano sea tan calculador. Miramos nuestros intereses y frustraciones, sobre los que pretendemos que gire lo que ocurre a nuestro alrededor. Y todo esto tiene que cambiar. Debemos aprender el verdadero valor de las cosas, especialmente el de la vida, pues no es lo mismo cualquier producto disponible en el mercado que un hijo.

 

 
 
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