Excelencia Literaria - Testimonios de nuestros ganadores.
 
De Valladolid a Nairobi
Sara Mehrgut
Ganadora de la IV edición
Tengo tres pasiones: el Arte, la Universidad y Kenia. Las dos primeras me llevaron a estudiar Bellas Artes y Filosofía en diferentes lugares (Salamanca, Madrid, Sevilla, Kassel -donde terminé mis estudios de Bellas Artes, en la Kuntshochschule- y Pamplona -donde realicé mi máster en Filosofía, en la Universidad de Navarra-). Respecto a la tercera de mis pasiones, Kenia, me ha llevado a estudiar inglés en Nueva York, Chichester, Dublín y Galway. Además, realicé un curso de preparación para especializarme en la enseñanza del español para extranjeros en International House, Madrid. En la actualidad soy profesora en la Universidad de Strathmore, en Nairobi, y estoy trabajando en mi tesis de Doctorado.

Desde la adolescencia formo parte de la generación de escritores de Excelencia Literaria, un proyecto dirigido por Miguel Aranguren, que forma a los jóvenes siguiendo criterios de libertad, responsabilidad y profesionalidad, con el objeto de que cada uno pueda realizar su trabajo literario en defensa de la dignidad humana.

Tenía trece años cuando Miguel Aranguren llegó a mi colegio y, a través de su novela: Desde un tren africano, me enamoré de Kenia, de la Literatura, del sueño de contar las historias de los héroes escondidos a la vuelta de la esquina, en el otro extremo del planeta o en algún rincón de mi cabeza. Leer, leer y leer, nos recomendaba Delibes, vallisoletano como yo, a los participantes. No sabía dejar de leer. Mi mente estaba siempre invadida por los personajes de alguna novela. Leía por las noches, en secreto, en la oscuridad. Mis hermanos dijeron que me pusieron gafas por culpa de andar alumbrándome con la pequeña linterna de un llavero de juguete. Leía andando, en el autobús, incluso acudí a botellones con un libro. A los quince años me apunté a un gimnasio y frente a la bicicleta estática coloqué Cumbres Borrascosas, por lo que a las pocas semanas el instructor me señaló donde estaba la biblioteca. Era terrible en las clases de idiomas, quizá porque casi siempre tenía un libro escondido en el regazo. Sin embargo, aquellos libros me llevaron a viajar como a Don Quijote y a aprender, de amigo en amigo, a defenderme en alemán, poder impartir clases de Filosofía en inglés y empezar a comunicarme con los niños de la calle en swahili.

Comencé a escribir. Escribía un diario, me mandaba cartas a mí misma a través de los años y escribía relatos para Excelencia Literaria. Soñaba con que llegaran al mundo. El primer año fue desastroso, el segundo año me empeñé en publicar y lo conseguí. El tercer año gané el concurso.

Sigo acudiendo con ilusión a las Jornadas de Excelencia Literaria en la Universidad de Navarra, donde año a año forjé muy buenas amistades y me encontré con grandes visionarios. Sueño con parecerme a los interesantes y dedicados profesores universitarios que conocí en cada una de sus ediciones.

Excelencia Literaria estará siempre en mi corazón porque me ha enseñado a leer, a escribir y a soñar en grande. Me dio las llaves maestras que llevo siempre en la mochila y con las que hoy vivo, felicísima, mi inmenso sueño africano.
 
Excelencia Literaria desde el Imperial College of London
Pilar Zhang Qiu
Ganadora de la X edición
¿Has visto alguna vez un arco iris sin sol o caer la lluvia sin que haya nubes?... Al igual que un haz de luz es imprescindible para la creación de un arco iris, el arte del lenguaje es el motor del desarrollo científico. Y es que, al darnos cuenta de nuestra diminuta existencia comparada con la grandeza del Universo, entendemos que es imposible para una sola persona poder llevar a cabo la ardua tarea de descubrir sus misterios. Por eso dejamos una herencia -formulada en forma de letras y números- a las siguientes generaciones, con la esperanza de expandir poco a poco estos conocimientos.

Como estudiante de Ingeniería de Diseño en el Imperial College of London, universidad líder en tecnología y ciencia en Europa, he encontrado en mi carrera la complementariedad perfecta entre esas letras y los números. El nuevo grado, impartido junto a la firma internacional Dyson, busca reescribir el concepto de la ingeniería, añadiendo a la mezcla altas dosis de creatividad: una creatividad que parece desaparecer a medida que nos acercamos al fin de nuestros días universitarios. Sin embargo, he conseguido conservarla al cuidar a la niña que fui en la escritura de relatos cortos.

En este punto es fácil entender el papel esencial que ha jugado el proyecto Excelencia Literaria, al ayudarme a abrirme camino entre millares de estudiantes de élite y altamente competentes de todo el mundo.

Para aquellos que no estéis familiarizados con el sistema educativo británico, la solicitud de plazas universitarias está controlado por el UCAS. Las distintas fases que lo conforman son: completar el formulario online del UCAS (en el cual predomina la importancia del ¨Personal Statement¨, escrito en el que tienes la oportunidad de mostrar a los examinadores por qué crees que eres único), una entrevista personal y el cumplimiento de los requisitos de la oferta (lograr una nota mínima general o específica, así como la obtención de una titulación ¨Proficiency¨ en Inglés).

Para mi sorpresa, mi ¨Personal Statement¨consiguió captar la atención de los miembros del Comité de Admisiones. En este momento entendí lo importante que es la comunicación. Aunque poseas la mejor idea, si no sabes como transmitirla de forma concisa y eficiente llegará a los oídos de la gente, pero no permanecerá en ellos más de lo que dura un suspiro. Es decir, nuestras ideas no dejarán huella. El ¨Sí¨ que recibí dependió de mis destrezas comunicativas, maestría que se obtiene mediante la práctica constante de la escritura. Al igual que a caminar se aprende caminando, a escribir solo se aprende escribiendo.

Excelencia Literaria no solamente ha reforzado mis habilidades expresivas, sino que también mostró a mi entrevistadora mi curiosidad, interés y capacidad de adhesión a un proyecto social, valores clave a la hora de determinar el potencial de una persona que desea influir en la mejora del mundo.

Por experiencia, recomiendo la participación activa en programas como el dirigido por el escritor Miguel Aranguren. En Excelencia Literaria no sólo cuentan las palabras sino los hechos, que se traducen en la publicación de nuestros textos.
 
David Fuente, licenciado en Bellas Artes y Sociólogo
Excelencia Literaria fue para mí una excusa; una excelente excusa para aterrizar inquietudes literarias adolescentes y hacerlas ser algo más que un arrebato juvenil. Supuso —ahora lo sé de forma clara— un compromiso con altas dosis de idealismo hacia el cariño por lo escrito. La escritura empieza cuando uno se la toma en serio; cuando se vuelca allí no un capricho momentáneo, sino unas preocupaciones que se van enriqueciendo con la experiencia; y se juega, sí, pero se juega de verdad (a veces como si no hubiera otra cosa). Excelencia Literaria prácticamente inauguró en mí esto de jugar en serio con las palabras; ese acto de disfrutar trenzándolas y cosiendo a veces una hamaca para el lector. Desde entonces, esta actitud ha resonado en varias facetas de mi vida. No es el momento adecuado para desplegar intimidades, pero digamos que disfrutar con la redacción, y tratar de hacer disfrutar con ella, es un acto al mismo tiempo de autorreflexión y comunicativo, tan básico y felizmente apreciado, que allana desde la escritura académica hasta las sencillas palabras que en un momento dado uno tiene que entregar de la manera más honda y cercana. Así de indiscretas han llegado a ser para mí las implicaciones de este proyecto.
 
Beatriz Fernández Moya
Ganadora de la IV edición
«No me hace falta cerrar los ojos para recordar con claridad lo primero que escribí: un poema a base de pareados sobre las ovejas que veía desde la ventana de mi habitación, una tarde en la que llovía a mares. Pocas veces me habré sentido tan orgullosa como cuando la profesora lo colgó en el corcho de la clase, justo encima de la estantería que hacía las veces de librería.

Está lloviendo
y las ovejas están comiendo
la verde hierba que cubre el prado”.

Valga la redundancia, desde entonces me he mojado, al menos, quince primaveras más y he aguantado otros tantos inviernos con sus correspondientes transiciones otoñales, a partir de veranos de cuarenta grados centígrados. He crecido en estatura y me gustaría pensar que lo he hecho proporcionalmente en madurez y en inteligencia. Ya no escribo poemas sobre animales y fenómenos meteorológicos, pero es en el papel donde sigo y seguiré plasmando mis mayores alegrías y mis más profundas preocupaciones. 

Todas las actividades que dependen de la creatividad, una vez que te tocan, son, me atrevería a decir, imposibles de dejar, porque la liberación que uno siente difícilmente se puede alcanzar de otra forma, pero hay que saber aceptar los periodos de sequía como el precio a pagar por practicarlas. Es más, hay que aprender a ver los periodos de producción como regalos, exprimiéndolos al máximo y el resto del tiempo como "lo normal", tiempo de documentación, podríamos llamarlo, donde hay que observar y, sobre todo, leer. Porque si algo he aprendido de Miguel Aranguren en todos estos años, es que lectura y escritura siempre tienen que ir de la mano.

Excelencia Literaria es la familia que me ha acompañado en todo el proceso, en los picos de producción y en las épocas de sequía. Sin perder la esperanza en mí, ha sentado las bases que un día, quizás, me llevarán a ser una buena escritora. Mi agradecimiento hacia este proyecto y su creador, pase lo que pase, será infinito».
 

 

 

 
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