XVIII Edición

Curso 2021 - 2022

Alejandro Quintana

Humitas 

Maryann Lucero Melendrez, 17 años

Colegio Nuestra Señora del Pilar (Arequipa, Perú)

Entre los logros más ponderados de la cultura inca, está la gastronomía, que desde hace años disfruta de un reconocimiento mundial. Los peruanos cocinamos bien, muy bien. Nuestros platos nacionales, además, se adaptan con facilidad a gastronomías muy distintas. Es cierto que disponemos de ingredientes endémicos, que no son fáciles de encontrar más allá de nuestras fronteras. Eso, quizá, es lo que hace reconocible nuestra cocina: la singularidad, la variedad y la calidad de los ingredientes. En mi familia, sin ir más lejos, disfrutamos de las humitas, un tamal a base de maíz que, además, es muy fácil de elaborar, pues solo necesita el grano, aceite y queso, además del cariño de quien lo guisa.

Desde que tengo memoria, el olor particular que emanan las humitas ha estado presente al visitar a mi abuela. Ese aroma nace después de que ella moliera el maíz, previamente cosechado en la chacra de mis abuelos, lo condimentara y lo colocara en una panca, para después cocerlas en una olla bajo un fuego elaborado con carrizo. Pero lo mejor ocurría al día siguiente, cuando llegaba el momento de freírlas para desayunar una deliciosa humita, recubierta con una capa crujiente.

Esa preparación estaba acompañada de música tradicional, que sonaba en la radio mientras mi abuela tarareaba partes de las canciones. Más tarde, mientras yo probaba las humitas, ella las empacaba en recipientes de plástico, cada uno con una nota escrita a mano y un destinatario diferente. Una pregunta rondaba mi mente: <<¿Por qué tanto empeño a lo que parecía ser un sencillo regalo?>>. Mi abuela tenía la respuesta: <<Vivimos cuando nos damos>>. Ese era su propósito. Para ella, las humitas eran el medio para alcanzar un fin: hacer feliz a la gente, compartiendo con ellos los manjares tradicionales.

No solo identifico a las humitas como uno de los mejores recuerdos que me unen a mi abuela, sino también como el legado que ella dejó en de mi corazón. Cada uno puede dar una parte de lo que tiene a los demás, para dejar esa huella que hace que las cosas simples y ordinarias se conviertan en extraordinarias.