IV Edición

Curso 2007 - 2008

Alejandro Quintana

Homenaje a la mujer normal

Alfonso Muerza, 17 años

                  Colegio Irabia (Pamplona)  

Una tarde gélida del mes de enero, me encontraba sentado en el interior de uno de los autobuses públicos que recorren Pamplona cuando, en una parada, subieron dos chicas de mi edad. Se sentaron justo en frente de mí y parecía que el frío no les afectaba, porque vestían minifalda, camiseta y una simple chaqueta de cuero como abrigo. Sin embargo, no era la indumentaria lo único que me llamó la atención: estaban pintarrajeadas como gatos con unas sombras negras alrededor de los ojos, labios coloreados con purpurina, coloretes de medio centímetro de grosor y unos pendientes de aro en los que se podría columpiar un niño. Desde lejos era fácil adivinar que sólo pretendían llamar la atención.

No es que quiera criticar a quien le guste portar semejantes “decoraciones”. Simplemente pretendo ver la otra cara de la moneda, es decir, defender a todas aquellas chicas que reciben críticas por vestir de forma discreta.

Charlando con una amiga sobre el suceso que acabo de relatar, ella se interesó por saber cómo la veía yo. Le contesté que es una persona agradable, simpática, amigable y normal. ¡Qué bonita esta ultima palabra! ¿Qué hay de malo en ser normal? Lo normal, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es “algo que se encuentra en su estado natural”.

Cuando una persona se viste solo para aparentar, se maquilla para destacar y luce adornos para que todo el mundo se fije en ella, lo único que logra es que los demás nos hagamos una idea equivocada de lo que verdaderamente es. Y es que, por mucho que le pese, ese no es su estado normal.