VIII Edición

Curso 2011 - 2012

Alejandro Quintana

Mi yo

Inés Romero-Valdespino, 16 años

                  Escuela Zalima (Córdoba)  

¿Alguna vez has oído hablar de los mundos paralelos? Algo así como cuando Alicia atraviesa el espejo y se encuentra en una habitación invertida, donde todo lo que estaba a la derecha está ahora a la izquierda, y viceversa: donde ahora la chimenea está apagada y los cuadros han cambiado.

Bueno, pues los mundos paralelos son algo parecido. La teoría dice que a cada segundo el universo se desdobla en dos, cuatro, ocho universos posibles, y hay un ‘yo’ en cada uno de ellos. O no, porque en una posible realidad alternativa puede que yo no exista, o que existan dos yos, o que aún no exista, o que nunca haya existido. Además, dentro de cada universo cada yo es diferente, cada uno se ha enfrentado a distintas elecciones y cada uno ha tomado decisiones diferentes. Así que, dentro de este mar de universos, ¿cómo saber qué soy?

La teoría de los universos paralelos es un poco escalofriante. Siempre, al tomar una decisión pensarías: <<¿Y si me equivoco?>>. <<¿Y si acabo siendo el ‘yo’ que se equivoca en este punto?>>. <<¿Lo haría mejor mi versión alternativa?>>... Pasarías los días intentando hacerlo todo bien, siendo la mejor versión de ti mismo. Pero no en el buen sentido: no intentando ser mejor persona, ni intentando ser feliz. Intentarías ser tu propia mejor versión posible simplemente por no ser la peor posible. Tendrías envidia de tus otros yos. ¡Y eso si existiesen!

Pero yo creo que no existen los universos paralelos, ni las versiones alternativas de mi persona, sino un único yo, mi yo. El universo no se desdobla, si no que forma una trenza. Cada decisión tomada es una cinta, y se van entrelazando con las decisiones de los demás. Las buenas decisiones son de colores brillantes; las malas, oscuras. Así, todo va quedando establecido con algunos tramos de cintas oscuras y retorcidas, y otros rectos y brillantes. No se puede cambiar el pasado, porque no se puede deshacer una trenza sin destrozarla entera.

Esa es mi metáfora del universo y de la vida. Cada persona tiene su trenza, más o menos larga, más o menos brillante. Incluso Alicia, al atravesar el espejo, añadía una nueva cinta brillante a la suya.