XVII Edición

Curso 2020 - 2021

Alejandro Quintana

La cobijada

Paloma Peñarrubia, 17 años 

Colegio Senara (Madrid) 

En las vacaciones el año pasado tuve la oportunidad de visitar uno de los pueblos blancos del sur de España, Vejer de la Frontera. Entre sus muros encalados encontré oraciones dedicadas a la Virgen de la Oliva, patrona del lugar, y una estatua de bronce al borde del precipicio que sitia la ciudad, que está construida sobre una fortaleza musulmana. Esta figura muestra a una mujer completamente tapada por un manto (La cobijada), salvo un ojo que asoma entre los pliegues de la tela. Lejos de ser un monumento a la ocupación islámica, es un homenaje a todas las mujeres cristianas que se atrevieron a descubrirse el rostro en territorio musulmán durante la Reconquista, lo que prueba que el cristianismo ha sido un buen aliado de la dignidad de la mujer.

Santa Teresa de Jesús, eminente refundadora de las monjas Carmelitas, fue revolucionaria en todos los sentidos, hasta el punto de que, en un principio, eligió la vida conventual como modo de rebelión ante un matrimonio concertado por su padre. En su resistencia a casarse con un hombre al que no amaba, terminó enamorándose de Dios, con el que cerró un compromiso vital que nos legó algunas de las mejores páginas de la literatura espiritual. Pocas décadas ates, Isabel la Católica fue, junto a su marido, la responsable de la creación de un Estado moderno, España. En su monarquía ambos gobernaron sendos dominios (<<Tanto monta>>). Mujer de Estado por excelencia, la Reina Católica se consagró como la autora de los primeros Derechos Humanos, recogidos en las Leyes de Indias.

Siglos después, cerca de nuestro tiempo, hubo una escritora naturalista que conmovió a Zola: Emilia Pardo Bazán. La literata gallega vio varias veces rechazada su candidatura a la Real Academia Española de la Lengua, aunque llegó a ser la primera mujer en presidir la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, así como en ocupar la cátedra de Literaturas Neolatinas en la Universidad Central de Madrid. Pardo Bazán era católica a machamartillo. Por su parte, la poeta Adelaide Anne Procter se convirtió al catolicismo. Fue coetánea e íntima amiga de autores como Charles Dickens (que publicó varios poemas escritos por ella bajo un seudónimo que ni siquiera él conocía) o William M. Thackeray, y destacó por su impulso a la incorporación laboral de la mujer, especialmente tras su conversión.

Sin embargo, con cuánta fanfarria se nos presenta a personajes como Marie Curie, destacando su agnosticismo como si fuera el compañero adecuado para toda mujer que desee brillar. Pues ni por esas... Curie se crio en el seno de una familia católica, lo que no fue ningún obstáculo para su vida científica sino todo lo contrario, también en el caso de su hermana, quien siempre conservó la fe y que fue también una mujer relevante.

La exaltación sin orden ni sentido de lo que hoy llaman "feminismo", no solo busca la defensa de algunos derechos para las mujeres, pues ha intoxicado su razón de ser con una absurda suma de ideologías que buscan confrontar más que sumar. Hora es de volver los ojos a aquellas mujeres que, desde siempre, con el ejemplo de su esfuerzo, han colaborado en la construcción de un mundo mejor. 

Vuelven mis recuerdos a la paz de la vega que se domina desde Vejer de la Frontera. Sobre un hermoso tajo nos contempla la sagaz mirada de la Cobijada, que parece susurrarme, con su media sonrisa de siglos, la teresiana sabiduría: Nada te turbe...Todo se pasa...Solo Dios basta.