XVII Edición

Curso 2020 - 2021

Alejandro Quintana

La trampas y la estrategia 

Ana María Gálvez, 14 años 

Colegio Entreolivos (Sevilla) 

–Sobre todo, recordad jugar sucio y hacer muchas trampas –concluyó Simón, provocando las risas y gritos de aprobación de los ladrones.

Pablo se unió a ellos, pues había planificado una estrategia para ganar aquel concurso. A simple vista, ¿quién podría pensar que era mejor ladrón que los robustos y agresivos hombres que tenía a su alrededor? Pero, aunque bajito y menudo, pensó que era mucho más inteligente que ellos.

Simón Sandemetrio, un sinvergüenza acreditado, buscado por la Interpol a causa de sus robos en las mansiones de multimillonarios de toda Europa, necesitaba un ayudante. Por eso había reunido a aquellos delincuentes en las ruinas de una casa, a las afueras de la ciudad. Eran gente de la peor calaña, a quienes acababa de proponer un reto: saber quién de ellos era capaz de sustraer un collar –valorado en más de un millón de euros– que pertenecía a la colección de joyas de Carmen Mantilla.

Esa misma noche Pablo se coló con agilidad en el palacete. Fue una tarea sencilla, pues se aseguró de que Carmen Mantilla se quedara dormida al inhalar cloroformo, al igual que todo su servicio. Pudo haber terminado el reto en ese momento, pero como el muchacho era listo se había traído una copia de la joya, que dejó en el interior del estuche original para que los demás aspirantes se pelearan por ella al creer que era la que Simón deseaba, y así proteger el collar que portaba en el bolsillo de su chaqueta.

Cuando llegó la noche en la que iba a saberse quién de entre todos los ladrones era el ganador de la prueba, se reunieron todos en las mismas ruinas. Pablo vio que muchos de aquellos criminales tenían heridas y magulladuras, quizá por haberse peleado entre ellos por ver quién se llevaba el premio. No sabían que sus esfuerzos habían sido en vano.

–Ha llegado el momento –anunció Simón Sandemetrio– ¡Que se acerque aquel que tenga el collar!

Un hombre musculoso y de facciones agresivas se adelantó a los demás con la copia. 

Pablo se llevó la mano a la bolsa donde había guardado la joya, y con sorpresa descubrió que había desaparecido.

–Señor Sandemetrio, esta es la joya que busca –declaró una voz femenina a la espalda de Pablo.

Se giró y vio a una mujer alta, atractiva, que guiñándole un ojo le pasó por delante mientras se dirigía al lugar donde estaba Simón.

–¡Esto se pone interesante! –exclamó este–. Comprobemos cuál es el verdadero collar.

Examinaron los dos ejemplares. Pablo no salía de su asombro.

–Parece que ya tenemos ganador ¬–anunció Sandemetrio–. ¡La joven de la chaqueta de cuero se acaba de convertir en mi nueva ayudante!

<<¿Quién es esa mujer?>>, <<¿Cómo ha sido capaz de darse cuenta de que yo tenía el verdadero collar?>>, se preguntó Pablo, que decidió seguirla escondiéndose entre las sombras en cuanto acabó el evento. Pero ella, sin tomarse la molestia de volverse hacia el joven, le dijo:

–Supongo que querrás saber cómo te quité el collar. Te admito que no lo había planeado sino que fui a robarlo la misma noche que tú. Te vi cómo actuabas en la casa, así que lo único que he tenido que hacer es extraerlo hábilmente de tu bolsa aprovechando el jaleo que hacían nuestros colegas, justo antes de entregárselo a Simón. Tuviste una muy buena idea, Pablo, y te admiro por ello. Así que prueba a trabajar por tu cuenta; te iría bien.

Pablo se quedó en la estacada, con mucho que pensar.