VII Edición

Curso 2010 - 2011

Alejandro Quintana

Amor de hermanos

Belén Escobar, 16 años

                 Colegio Vilavella (Valencia)  

Sus oscuros ojos brillaban bajo la luz de la luna. Mientras todos dormían, Eleazar observaba entre fascinado y entristecido la cantidad de puntos brillantes que salpicaban el cielo.

Mientras observaba el firmamento, se veía a sí mismo surcándolo en apenas unas pocas horas.

<<¿Cómo te sentirás al alejarte de la tierra? ¿La echaré de menos? ¿Cómo sería el lugar a donde voy?....>>. No lo sabía.

Un ruido cercano le sacó de sus ensoñaciones. Un joven esbelto de diecisiete años se alzaba ante sus ojos.

-No puedes dormir, ¿eh? -le comentó con cariño.

-No –contestó secamente- ¿Y tú?

-Tampoco, pero no te preocupes porque mañana estaré como una rosa para conducir. ¿Estás bien?

-Cómo quieres que esté, Tamu. No quiero irme. No quiero abandonar la aldea ni marcharme sin ti. Eres mi hermano; no te puedes quedar aquí solo.

Tamu se sentó a su lado para observar junto a él las estrellas. Tras un silencio, los dos hermanos se miraron. Los ojos de Eleazar estaban llenos de lágrimas, mientras que los de Tamu transmitían cariño, del que brota desde el fondo del corazón: el cariño de un hermano.

-Tienes que entender que es por tu propio bien, hasta que todo acabe. Además, a dónde vas hay niños como tú y podrás jugar con ellos

-Pero yo no quiero jugar con esos niños, quiero quedarme contigo, ¿Por qué tu puedes quedarte y yo no? Es injusto.

-Razones de la edad -le respondió-. Soy mayor que tú y tengo que protegerte. Este ya no es un lugar seguro para los niños.

Otro silencio se adueñó de aquel momento. Los dos hermanos se dejaron llevar por los pensamientos. De pronto, Eleazar miró fijamente a su hermano.

-Tamu...- titubeó -, ¿me prometes una cosa?

-Claro que sí.

- ¿Vendrás a por mí cuando la guerra acabe?

Tamu le abrazó y se quedaron en silencio por un largo rato. Era una situación dura: probablemente no se verían en meses, quizá años. Pero lo importante era que Eleazar estuviera sano y salvo.

-Claro que sí, hermanito, pero también tú me tienes que prometer algo.

-Di.

-Que te portaras bien y jugarás con los demás niños hasta que yo vaya a recogerte.

La mirada de Eleazar se iluminó por completo, y apoyándose en su hermano se sumió en un sueño profundo mientras Tamu volvía la vista al firmamento, decidido a romper con el pasado.