XVI Edición

Curso 2019 - 2020

Alejandro Quintana

Diez minutos 

Carmen Almandoz, 14 años

                 Colegio de Fomento Entreolivos (Valencia)  

<<Pero, ¿por qué parece que el móvil me mira?>>, se preguntó Julia.

Estaba sola, encerrada en su habitación, intentando finalizar la  gruesa novela que tenía abierta sobre su escritorio.

<<Venga, no te distraigas, que casi lo has conseguido>>, se animaba. <<¿Cuántas páginas me quedan?... ocho, trece, veinte… veinticinco >>, afirmó después de hojearlas. <<Esto me lo leo en un  abrir y cerrar de ojos>>.

…Cuando entré en aquella sala, lo único que encontré fue... Avanzó Julia por la primera línea.

<<¿Habrá leído el mensaje?>>, sus pensamientos le interrumpieron de nuevo. <<¡Céntrate!>>, se regañó de inmediato dándose un ligero golpe en la cabeza. <<Debería fijarme mejor>>, se acercó el libro a los ojos tras leer el nombre de su protagonista. <<Seguro que va a suceder algo interesante>>.

Al poco tiempo consultó su reloj de muñeca.

 <<¿Solo han transcurrido seis minutos?... ¿Pero, cómo es posible?>>, pensó con incredulidad. <<Si parece que ha pasado más de una hora desde que abrí la novela… Me rindo. ¡Esto es una pérdida de tiempo!>>. Enfadada, agarró el marcapáginas y lo tiró al suelo con rabia. 

Miró de nuevo al teléfono, que se cargaba a su lado. Lo fué a coger, pero apartó la mano como si se tratase de una serpiente. <<No>>, se dijo con firmeza, <<Le le prometí a mamá que soy lo suficientemente madura para hacer un buen uso del móvil. Ella confía en mi palabra y no voy a decepcionarla>>. 

Volvió a leer, pero al cabo de un rato, de nuevo le traicionó su concentración.

<<¿Me habrá contestado Ana?>>, le asaltó la duda al recordar a su compañera de pupitre. A partir de entonces fue como si el aparato la hubiese hipnotizado: no pudo apartar sus ojos de la pantalla.

Le vino a la memoria aquel tiempo en el que sus amigos le preguntaban atónitos: <<¿Pero, cómo puedes vivir sin él?>>. <<Ahora ya sé a qué se referían>>, concluyó con pesar. <<Yo, que afirmaba que no me engancharía al móvil ni a las redes sociales... no sabía de lo que hablaba>>.

De repente, una resolución impetuosa se apoderó de ella:

<<¡Mis padres creen en mí! Así que nada ni nadie me va a impedir acabar de una vez esta novela>>.

…Lo único que encontré fue una enorme mesa de cristal repleta de exquisiteces...

Pero, casi al instante...

<<Se me olvidó darle al "me gusta" en la foto de Marina>>. 

Automáticamente Julia fue a coger el teléfono, pero cayó en la cuenta.

 -¡Puf! -resopló con cansancio-. Me duele la cabeza -. Se tocó la frente para ver si tenía fiebre-. Tantas palabras juntas me acaban produciendo mareo -concluyó, cerrando el libro-. Me tumbaré un rato.

Cerró los ojos e intentó poner la mente en blanco. Respiró profundamente y, de repente, escuchó un campanilleo.

 <<He recibido un mensaje>>. Pero, para su desesperación, recordó que antes de encerrarse en su habitación lo había silenciado. <<Sí, definitivamente me estoy volviendo loca>>.

Se sentó en la cama, miró con deseo al atrayente objeto, se levantó y dio unos pasos hacia él. Lo tomó con las manos. Solo había faltado un segundo para que estuviera diez minutos sin utilizar el teléfono móvil.