IX Edición

Curso 2012 - 2013

Alejandro Quintana

Huellas de vida

Marina Medina, 16 años

                 Colegio Senara (Madrid)  

<<La vida es un campo de batalla en el que nos enfrentamos continuamente, en ella no solamente cuenta sobrevivir sino también forjarnos como personas y sentirnos orgullosos de nuestra historia. Es entonces cuando podemos calificarnos con orgullo de soldados>>.

¡Menuda frase para comenzar el día! Es una de esas que vienen en los calendarios para…, qué sé yo, animar al personal ¿A quién se le ocurrirán este tipo de sentencias?... Al pie de la frase se puede leer un nombre, Marina no sé qué más.

Sin embargo no le da tiempo a seguir leyendo. Al mirar el calendario, Rocío cae en la cuenta del día que es: 3 de octubre. Llevaba toda la semana esperando a que llegase ese día y tiene que levantarse atropelladamente de la cama para intentar ser puntual. Se viste rápidamente, intenta arreglar, sin éxito, los bucles que se escapan desobedientes de cualquier intento de coleta y sale de casa a toda prisa.

Mientras camina por la calle piensa en su abuelo; hoy es su ochenta cumpleaños. ¡Ochenta años de vida! Se dice pronto. Intenta imaginárselo soplando las velas de la tarta que ella va a recoger, su sonrisa sobre el rostro arrugado. Ella siempre le ha dicho que sus arrugas son como cordilleras, tan magnas como las alegrías que ha tenido a lo largo de su vida. Se le han producido a través de todos los recuerdos y anécdotas que él le ha contado desde que era pequeña.

Y es que su abuelo, otra cosa no, pero historias que contar tiene más que de sobra. Según él, todas esas experiencias y las personas que las han protagonizado son las que le han hecho ser quien es, incluyéndola a ella, a Rocío. Su abuelo siempre ha sabido hacer que ella se sienta especial. Ser parte de la historia de alguien es un hecho de gran relevancia, al menos a su parecer.

Con estos pensamientos llega a casa de sus abuelos. Llama al timbre con impaciencia, como tantas veces, para que sus abuelos no tengan duda de quién es su invitada.

Nada más abrir la puerta se lanza a los brazos de ese hombre mayor.

-¡Felicidades!

Al besar las cicatrices que la vida ha dejado sobre el rostro de su abuelo, recuerda la frase de esa mañana. Sí, no cabe duda, esa tal Marina tenía toda la razón: su abuelo es un auténtico “soldado”. Y ella se siente orgullosa de él.