XII Edición

Curso 2015 - 2016

Alejandro Quintana

Perdón

Blanca Vidal, 16 años

               Colegio Orvalle (Madrid)    

Tenía los músculos agarrotados y el estómago revuelto. Sentía como si unas pesadas cadenas colgaran de sus extremidades, como si una mano le estrujara el corazón para exprimirlo como si una fruta. Se le revolvían un montón de pensamientos desordenados; parecía que unos empujaban a otros para saltar de su cabeza.

Lo curioso es que sabía cómo aliviar aquella angustia. Era relativamente fácil conseguirlo. Bastaba un gesto sencillo: aceptar que no tenía razón, que se había equivocado y que había sido débil. La salida de aquel tormento interior le exigía reconocer su error, que se humillara.

Dispuesto a avanzar hacia su liberación, entreabrió los labios. Pero se bloqueó. Las dudas le nublaban el juicio: no sabía si valía la pena, si tenía sentido lo que estaba a punto de hacer. Pero con un fuerte impulso apartó toda sensación de desánimo y un hilo de aire recorrió su garganta en un suspiro. Mientras su voz se abría paso no lo pensó más. Con la cabeza baja y los ojos inundados consiguió decirlo:

—Perdón.

Al instante su cuerpo se liberó y una luz llenó su mente. El corazón recuperó el compás habitual de los latidos y, por fin, respiró.